SINDHEPENSANTE N. 2

EDITORIAL

“…los hombres no se hacen en el silencio. Sino en la palabra, en el trabajo, en la reflexión, en la acción…”

(Freire Pablo, 2005)

No hay nada más difícil de expresar, la palabra que en lo cotidiano fluye sin cortapisas en el quehacer cotidiano de toda actividad humana, colocarse ante un papel en blanco, ante un procesador de palabra; hace de este ejercicio un universo de ideas, pensamientos, sentimientos y hasta pulsiones, más cuando se trata de activar el libre ejercicio de las ideas, claro en el actual contexto de hiper tecnologías “INTE…LI…GENTES”, EN ESTA SEGUNDA EDICION DE NUESTRO, YA NO LO LLLAMEMOS MEDIO, DEFINAMOSLO COMO HERRAMIENTA DE FORMACIÓN Y TRANMISIÓN Y SI SE quiere movilización, resistencia y porque no confesor de nuestra postura ética, ante la debacle de las instituciones, y sus misionalidades. Lo público, lo comunitario, lo solidario abrasado por la ganancia, el negocio, la comunicación al servicio del mercado excluyente. Entender el problema Perspiciatis molestiae (En Latín, mira el problema) en nuestro día a día, es recurrente en la indagación del hacer diario en lo laboral, versus los requerimientos técnico administrativos, los instrumentos de medición, los controles, nuestra posición y/o ubicación social, para los trabajadores de las entidades del Estado o para cualquier tipo de trabajadores, es evidente ante la necesidad, esa pregunta coyuntural a ¿qué clase pertenezco? y la realidad política casi que excluye la respuesta, a la clase media, a la trabajadora y parafraseando la frase de Pablo Freire – los humanos nos hacemos en la palabra, en el trabajo en la acción-, las categorías sociológicas, filosóficas entorno a la pertenencia social, pasan precisamente por la reflexión, la palabra y la acción, dicho proceso sería el resultado de la adquisición precisamente de la conciencia de clase, para nuestra situación de clase trabajadora asalariada y su consecuente necesidad de organización y acción transformadora.

Otro mundo es posible en la necesidad de construir una institucionalidad coherente con los preceptos de la constitución política “un estado social de derecho democrático, participativo y pluralista”, consecuente con una Defensoría que ponga en primer orden la magistratura moral como defensa de lo público y reconocimiento de ciudadanías libres, autónomas en el ejercicio de las gobernanzas territoriales.

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